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¿Cómo activar esas bombas de tiempo?


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Publicado en:http://www.diariodecuba.com/cuba/1439625171_16348.html


Como bombas de tiempo sobre dos piernas, deambulan hacia ninguna parte cientos de miles de personas sin oficio ni beneficio que residen en los barrios pobres de La Habana. Es su principal ocupación. Levantarse cada mañana de la cama, o de la destartalada litera o de los trozos de cartón sobre los que duermen en el piso, y sentarse en la esquina o ponerse a deambular por los contornos, a la caza de lo que caiga a mano (si es que cae algo) para matar la jugada del día.

La Habana debe ser una de las capitales del mundo con mayor número de desempleados. Por más que el régimen lo oculte manipulando el dato, o publicando informes difusos, como el que asegura que la ocupación laboral se ha visto disminuida aquí en 4.2 por ciento en el sector estatal, pero está creciendo en 8.8 por ciento en el privado. Aunque si nuestro desempleo masivo no es tenido suficientemente en cuenta más allá del Morro, no deber ser solo porque las estadísticas oficiales lo solapan. Quizá también pierda peso específico ante el observador cuando éste lee que en todo el planeta hay 200 millones de personas sin trabajo y que solo en América Latina y el Caribe son 15 millones.

Parecería entonces irrelevante la situación de una pequeña islita con apenas poco más de 11 millones de almas. En todo caso, será irrelevante de cara al exterior, y no, en absoluto, para los cubanos. En primera, porque cuando aquí hablamos de desempleados nominales, nos estamos refiriendo a la mayoría de la población adulta, y además estamos pensando en los
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subempleados, que completan casi todo el resto. En segunda, porque hay circunstancias bien particulares en nuestro país que imprimen un carácter verdaderamente sui géneris al fenómeno del paro laboral y al reinante caos de la improductividad ciudadana.

Los que aquí no trabajan no lo hacen en general por falta de disponibilidad de empleos, ya que, aunque son pésimos, los hay, al contrario de lo que ocurre en otras partes. No trabajan porque en los empleos disponibles se pagan salarios de escarnio, absolutamente insuficientes para costear en lo más mínimo la alimentación básica de una persona, y no digamos ya de una familia. Resulta descabellada, irracional, la correspondencia entre salarios y costo de la vida en Cuba.

Pero eso no es todo, creo que ni siquiera es lo peor. Luego de más de medio siglo bajo un régimen coartador de los derechos más elementales del individuo, basado en la dependencia total del esclavista Estado, y cuyas más persistentes exigencias han sido el inmovilismo, la falta de iniciativa y el fingimiento como norma de conducta, la gente terminó deformada medularmente y habiendo perdido casi por completo sus hábitos y tradiciones seculares, la laboriosidad entre ellos. Puede entenderse fácil que, en medio de ese panorama, la abulia ante cualquier arranque hacia el progreso y la desidia ante el principio de ganarse la vida con el sudor de la frente, actúen aquí como un sello de identidad nacional.

No se trata de la vieja y conocida vagancia, sino de un tipo de actitud de negación y resistencia ante el trabajo, no por lo que éste representa, ni por los esfuerzos que demanda, sino por la nula utilidad y la carencia de sentido que les son propias. También por lo trivial que resulta burlar sus normas. Es justo donde entra en juego el complemento de los subempleados, los que al decir de uno de nuestros grandes compositores, "fingen que trabajan, mientras el Estado finge que les paga". Tanto el desempleado como el subempleado viven anulados y agrios, echándole pestes al régimen, pero resultan tan inofensivos como inútiles, de momento por lo menos. Son corchos sin gravedad flotando sobre la corriente socioeconómica del país y sobre la política manipuladora del poder.

Así que son bombas de tiempo tal vez sin saber que lo son. El hecho de que el régimen se las haya arreglado para mantenerlas convenientemente inactivas hasta hoy, no significa que no sean activables, mucho menos que no existan los mecanismos para activarlas. Sería cuestión de identificarlos y hacerlos funcionar.

El reto de la oposición

Por supuesto que no estoy hablando de violencia, que en nuestro caso no debe ser el mecanismo y que además, por suerte, no alinea entre las estrategias de la oposición pacífica interna para enfrentar a la dictadura. Pero ya que es al movimiento opositor al que correspondería buscar conductos y métodos para intentar devolverle los fueros a esa multitud flotante, tal vez a sus líderes les resulte pertinente valorar que las nuevas circunstancias por las qu

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e ahora empieza a transitar el país están ofreciendo un oportuno escenario, y que si ha llegado para ellos el momento de pasar del acto heroico (pero aislado) a la convocatoria popular y a la puesta en marcha de atractivos programas políticos, ningún esfuerzo valdría tanto la pena como intentar la activación de esas bombas.

La demanda social como ruta para un nuevo estilo de la lucha política por parte de los opositores. Quizá por ahí está el resorte que les permita dar el salto cualitativo que tanto necesitan para ponerse a tono con los aires que baten hoy en día. La tarea se las trae, naturalmente, porque ya sabemos que el régimen, mientras más vulnerable se siente, más violenta y obtusamente reacciona. Sin embargo, tal vez para el caso eso resulte ser un beneficio, mucho más que una desventaja. En tanto los riesgos potenciales para la disidencia no serían mayores que aquellos que ha venido enfrentando durante largas y sufridas décadas.

La pregunta del millón para ellos tal vez sea ahora: ¿cómo activar esas bombas de tiempo?

La única respuesta que se me ocurre es a través de aquel sabio refrán de los abuelos: "cortando huevos se aprende a capar". Ahora bien, de algo sí estoy seguro y es de que la oposición pacífica en Cuba necesita reactivar sus acciones y renovar sus estrategias, ya no solo porque las actuales coyunturas se les presentan propicias, sino porque de acuerdo con el rumbo que van tomando las cosas, o ganan en popularidad o pierden por knock-out en el primer asalto.

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